Osmay Vazquez

Consultoría sin pecado concebida

Sin afán de redención, pienso aún en los pecados capitales del consultor (mi publicación anterior). Completaré esa reflexión con mis “antídotos” más comunes para la práctica consultiva. Cada quien hará su propio análisis y buscará el remedio a sus pecados.

Soberbia

El “superconsultor” es quien padece soberbia. Establece una estrategia integral. Enseña a sus clientes a escuchar a sus equipos. Les cuestiona su falta de colaboración al tomar decisiones. En el fondo (poco profundo) va y hace lo mismo que los jefes han hecho con las personas a su cargo. Convertimos a los otros – por obra y gracia del autoritarismo – en gente desmotivada, que no dan lo mejor de sí ni se comprometen con la empresa. No es difícil insertarnos y establecer vínculos horizontales para ayudar a las personas, nuestros iguales, a pensar y actuar desde otro lugar.

Pereza

Deberá advertirse que la pereza no es sólo un pecado del consultor, sino de los clientes. Complacemos su afán de “hacer algo por el desarrollo humano”, sin derribar las resistencias al cambio que padecemos. Sin darnos cuenta, con cierto desánimo, perpetuamos el orden establecido sin apostarle al cambio profundo. La empresa será más rentable y con gente satisfecha si implementamos proyectos interesantes, actualizados, prácticos y divertidos. Retemos la pereza propia y, de paso, desafiemos las rutinas de quienes nos rodean. Provoquemos lo mejor del pensamiento y las emociones de todos.

Lujuria

Padecemos lujuria cuando nos importa más ser vistos o reconocidos que el interés porque los otros aprendan algo realmente valioso. No modificamos sus vidas ni enriquecemos la nuestra. Quienes no sacian la sed de lujuria, serán ciegos y sordos (¡jamás mudos!) al intentar construir el nosotros, que tanto se pregona y poco se ejecuta cuando se habla de “hacer equipo”, por ejemplo. Hagamos un ejercicio profesional que nos convierta en orientadores, “maestros” y aprendices humildes para crecer mutuamente.

Avaricia

La avaricia como sinónimo de conseguir y mantener el poder, socava la posibilidad de funcionamiento pleno con visión, responsabilidad, creatividad y libertad de acción en nuestros asesorados. La intervención consultiva debe enseñar a que directivos, gerentes, analistas y todos, sigan solos. Propiciemos ciertos conocimientos, actitudes y habilidades para conseguir empoderarlos y que operen sin el consultor. En ningún caso debemos pretender un rol mesiánico que nos haga omnipresentes hasta el infinito.

Gula

A varios años de distancia, cuando evalúo mis propias pretensiones por gula, veo cuántas cosas quise ofrecer y alguna que otra emprendí sin estar del todo listo. ¡Vaya inmodestia! Al menos hoy hago esta reflexión sobre mí mismo. Deberíamos ponernos un poco a dieta y obligarnos a ser asertivos para decir “no” (“preferiría no hacerlo”, “no puedo”, o “no es lo mío”). Renunciemos al proyecto que no nos convence del todo, porque nos falta motivación que desafíe, o porque no estamos resueltos.

Ira

Mitigar la ira desde el rol consultivo es tarea difícil cuando es el otro quien insiste en discrepar o imponerse, tanto o más que uno. Consideremos que solo pretende hacer ganar su idea porque desea sentirse importante; necesita validarse o que lo validemos. Nada nos cuesta hacerle sentir su valía. Desde la ira, difícilmente entendamos ese mecanismo profundamente humano, ni consigamos gestionarlo con mayor escucha y reconocimiento a la persona y sus necesidades. Somos nosotros quienes tendríamos que demostrar más recursos psicológicos y autorregulación.

Envidia

Este pecado suele asociarse al disfrute cuando provocamos envidia en el otro. Coches, aeropuertos, restaurantes buenos, presentaciones elegantes (a veces vacías), glamour y visajes en un ámbito predominantemente masculino movido por la forma. Así es el universo empresarial y de los consultores selectos, que se extingue poco a poco en un mundo que intenta renovarse, hacerse flexible y veloz, un poco a fuerzas, un poco intencional. Seamos más profundos y sencillos a la vez: no es imposible.

Algunas virtudes necesarias 

He realizado durante veinte años innumerables intervenciones con alumnos, clientes y colegas. Son muy apreciados, inteligentes, serios y sencillos también. De ellos y de mis maestros he obtenido experiencia, nuevas ideas y buenos ratos. He aprendido de todos la necesidad de estudiar, investigar y crecer profesionalmente para regresar algo con valor.

Me esfuerzo por escuchar a las personas para comprender sus deseos, preocupaciones e intenciones. Intento no mostrarme ciego por la convicción de hacer desarrollo humano empresarial. He descubierto la importancia de construir ambientes de participación, planteando desafíos realizables que provoquen las capacidades de los protagonistas. Por un lado, se socializa y establecen vínculos afectivos al compartirse ideas. Por otro, las personas demuestran el potencial de su razonamiento y creatividad en el proceso de aprender mutuamente.

¿Qué me ha funcionado en la práctica consultiva?

  1. Propiciar la interacción y el diálogo abierto entre personas con estilos y perspectivas distintas, sin pretender consensos forzosos.
  2. Invitar a la expresión de las emociones, desafiando el paradigma de su exclusión en lo laboral.
  3. Crear retos desafiantes con visión de futuro, a resolver desde la colaboración madura.
  4. Cuestionar con respeto las propuestas comunes para facilitar el descubrimiento de nuevas ideas y soluciones.
  5. Insistir en nuevos modos de actuar desde lo que mejor sabe hacer cada quien, muchas veces complementario.

Construir el nosotros para el futuro del trabajo

Si las personas no son protagonistas de los planes, del debate, de las decisiones, de las creaciones, difícilmente se comprometan con ellos, ni sentirán orgullo de pertenecer. Desarrollar sentido de identidad en la empresa no deberá funcionar como un diseño formal centrado en la imagen. Habrá que crear cultura de pertenencia apoyada en la participación colaborativa para construir el NOSOTROS real.

Espero pronto volvamos a visitar algunas oficinas, salas de reuniones y operen las plantas como antes. No obstante, desde este momento en que somos consultores virtuales, pensemos en algunos de nuestros pecados. Mientras nos vemos en la pantalla, decidamos reducir las distancias y tender puentes. Aportemos algo genuino y valioso a quienes están del otro lado del ordenador, o simplemente a un lado de cada uno de nosotros. Construyamos un nuevo orden mundial que garantice un futuro virtuoso e inspirador.

2 comentarios en “Consultoría sin pecado concebida”

  1. Excelente ! interesante el enfoque que le diste «, multiangular conectando hechos aparentemente inconexos
    Fuerte abrazo

    1. «Multiangular» es un término que me hace pensar: gracias! Sigamos leyéndonos y compartiendo reflexiones y aprendizajes a otros, Guillermo. De eso trata mi blog y espero que llegue a más personas. Un abrazo!

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